Remontar aquel río era como volver a los inicios de la creación cuando la vegetación estalló sobre la faz de la tierra. Una corriente vacía, un gran silencio, una selva impenetrable. El aire era caliente, denso, embriagador. No había ninguna alegría en el resplandor del sol. Aquel camino de agua corría desierto en la penumbra de las grandes extensiones. Uno llegaba a tener la sensación de estar embrujado, lejos de todas las cosas una vez conocidas. Penetramos más y más espesamente en el corazón de las tinieblas. A veces, por la noche, un redoble de tambores, detrás de la cortina vegetal, corría por el río. Tuve la sensación de haber puesto el pie en algún tenebroso círculo del infierno.”
El Corazón de las tinieblas; JOSEPH CONRAD.
En la desembocadura del Támesis, mientras el sol se pone, el viejo marinero Marlow cuenta a unos compañeros su viaje a África en busca de Kurtz, un agente comercial que está enviando a su compañía ingentes cantidades de marfil. El viaje de Marlow es una odisea: el barco en el que navegan es viejo, el río es peligroso y acechado de nativos que atacan en los recodos, el calor insoportable... Marlow avanza obsesionado por Kurtz, del cual se va formando una imagen contradictoria y mitificada gracias a que otros empleados le van describiendo los rasgos y atributos del agente: voz profunda, elevada estatura, ojos fulminantes, mente lúcida y voluntad indomable que le permite recolectar más marfil que todos los demás agentes juntos. Por fin lo encuentra. Kurtz está enfermo en una choza y es adorado por tribus indígenas a las que subyuga con terror...
El Corazón de las tinieblas (1902) es una narración autobiográfica inspirada en los seis meses que Joseph Conrad pasó en el Congo colonizado y devastado por el rey Leopoldo II de Bélgica. Esta historia es un reflejo de un viaje personal que marcaría a Conrad a lo largo de su vida y que no iba a poder olvidar fácilmente pues como él mismo reconoció “antes del Congo yo no era más que un simple animal”. La verdad es que esta obra no es fácil de leer. La estructura narrativa en forma de embudo y las descripciones coloristas y acústicas ayudan a que el lector se convenza de que se está adentrando por el río en plena selva congoleña. El libro acaba siendo bastante agobiante, algo que seguramente el autor quería conseguir para que conociésemos el horror que él mismo pudo sentir en su viaje a África y cómo éste puede llegar a transformar a las personas.
Si no conoces el libro de Conrad, seguramente habrás visto la versión cinematográfica. Francis Ford Coppola se basó en este relato para su aclamada película Apocalypse Now (1979) sobre la Guerra del Vietnam manteniendo en todo momento el espíritu del relato del autor. Otros directores, como Orson Welles, también quisieron llevar a la gran pantalla esta obra; de hecho, éste iba a ser su primer proyecto, pero finalmente no lo realizó.
Esta gran película obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes del año 1979 y logró conquistar los Oscars con ocho nominaciones y dos estatuillas a mejor fotografía y mejor sonido. Pero el rodaje no estuvo exento de altercados. Aquello parecía la propia Guerra de Vietnam, tal y como explicó Coppola, pues la grabación tuvo que suspenderse por culpa de un tifón que destruyó el plató y debido a un ataque al corazón que sufrió el protagonista; Martin Sheen. Todo esto lo podéis contemplar en el documental Hearts of Darkness: a Filmmaker’s Apocalypse (1991). Además, justo antes del estreno durante el Festival de Cannes, Coppola seguía sin tener claro el final de la película por lo que realizó distintas proyecciones para la prensa. Pero aún hay más. Veintidós años después del gran estreno, en el Festival de Cannes de 2001, Coppola presenta Apocalipse Now Redux; un nuevo montaje de la cinta original en la que se añadían las escenas que tuvieron que ser eliminadas en la primera y que alarga la película hasta las 3 horas y media.
¿Hueles eso? ¿Lo hueles muchacho? Es napalm. Nada en el mundo huele así. ¡Qué delicia oler napalm por la mañana!. Un día bombardeamos una colina y cuando todo acabó, subí. No encontramos un solo cadáver de esos chinos de mierda. ¡Qué pestazo a gasolina quemada! Aquella colina olía a... victoria.”
Coronel Kilgore (Robert Duvall); Apocalypse Now.
Normalmente todo el mundo opina que los libros son mejores que las películas que se hacen de ellos. En este caso, es al contrario. Me parece que la cinta de Coppola es mucho mejor que el libro de Conrad, pero aún así, os recomiendo que lo leais. ¡Ya me contaréis qué os parece!
Elena
